Serie de producción propia que La Primera emite todos los martes a las 22.25 horas; "Funcionarios" no es sino una novedosa aproximación a la idiosincrasia y la problemática de un gremio tan sufrido y aventurero como es el de los funcionarios del DNI. Esta serie, que quiere ser punta de lanza de una renovación radical del medio audiovisual español, está protagonizada por

José Luis López Vázquez, Alfredo Landa, José Sazatornil, Concha Velasco, Paco Gandía, Lina Morgan y Antonio Ozores.

CAPÍTULO 1.
1ª parte:

"Juanita Reina en hora punta".
José Antonio Linares y Gómez (José Luis López Vázquez), ejemplar funcionario del DNI en la madrileña comisaría de Cuatro Caminos, casado, padre de seis hijos y socio número 62.696 del Real Madrid Club de Fútbol, llega un día más a su despacho, presidido por una esplendorosa y venerable imagen de la Virgen del Carrascal, patrona de Pedraza de la Sierra, Segovia. Allí le espera como siempre "María de la O", su tampón de sellar, con el que mantiene una complicada relación paternofilial de amor-odio que suele rescatar el hilo argumental de la serie cuando los guionistas se quedan secos. En este primer capítulo, sin embargo, las vicisitudes de José Antonio Linares (en adelante lo conoceremos por su apellido) no están relacionadas con "María de la O", sino con su esposa María Dolores (Concha Velasco), quien ha amenazado con dejar de satisfacer el débito conyugal si Linares no le consigue dos entradas para la próxima función de Juanita Reina en el teatro de La Latina. Oficialmente todas las localidades están vendidas, así que a Linares no le queda más opción que acudir al mercado negro. Pero su exiguo salario de 350 pesetas mensuales no le llega ni mucho menos para pagar una entrada, máxime cuando éstas pueden llegar a valer hasta 100 pesetas en la reventa. No hay por donde apretarse el cinturón; es final de mes, y el efectivo de Linares se reduce a seis pesetas con veinticinco céntimos y la cartilla de racionamiento. Su única posibilidad pasa por empeñar uno de los "detente, bala" bordados en oro que pertenecieron a su suegro, alférez provisional fallecido en 1937 en uno de los bombardeos que sobre Valladolid protagonizó la aviación roja. Claro que tiene que sacarlo de su casa sin que su católica esposa se dé cuenta, pues ella no le hubiera perdonado nunca que sacrificase tan valioso recuerdo de su padre querido a cambio de unas cochinas monedas. Mas Linares, viéndose en el trance de tener que calmar su adicción al fornicio (y al whisky Dyc) en la reputada casa de lenocinio de la calle Cuenca, arriesgándose así a contraer la sífilis y/o la blenorragia (enfermedad esta última bastante frecuente entre los funcionarios del DNI por más que las sulfamidas hayan significado un remedio eficaz que supera a los clásicos lavados con permanganato), se las arregla para evadir de su domicilio el "detente, bala", oculto entre las páginas de un catecismo, y llevarlo a su oficina. Linares, como respetable y abnegado funcionario que es, no conoce el mercado negro, así que se ve obligado a pedir ayuda y consejo a Garcés (Alfredo Landa), su inseparable pero no respetable compañero de oficina; ambos burócratas acuerdan ir juntos esa misma tarde al mercado negro a empeñar el "detente, bala" y comprar las entradas. A la sazón, uno de los hijos de Garcés, Paquito, de ocho años, padece viruela en fase terminal, y Garcés necesita vender un cuadro del Greco que providencialmente se ha encontrado en el desván de su domicilio para reunir las 4.500 pesetas que cuesta el viaje a Houston, único lugar del mundo donde existe la vacuna contra la viruela. Allá van entonces Garcés y Linares dispuestos a todo con tal de emerger de sus respectivos atolladeros; en principio la suerte sonríe a Linares, ya que topa con un revendedor que ofrece entradas para la función de Juanita Reina a sólo 50 pesetas. Si consigue vender el "detente, bala" por 100 pesetas, su problema estará resuelto. Pero ni él ni Garcés encuentran compradores para sus respectivas mercancías; los negociantes sólo aceptan aceite, jabón, carne de ternera, pan blanco y otros productos de primera necesidad que se reparten con cuentagotas en las cartillas de racionamiento. Un malvado estraperlista (Antonio Ozores), queriendo sacar tajada de su desgracia, les ofrece 4.400 pesetas por sus mercaderías. Tras el acostumbrado regateo, la oferta se queda en 4.591 pesetas, negándose el comerciante a mejorarla ni en un céntimo. ¿Qué hacer? Con cuatro pesetas más tanto Garcés como Linares habrán conseguido lo que quieren, y así se lo hacen saber al estraperlista con súplicas que arrancarían lágrimas de una piedra, pero el codicioso contrabandista se mantiene inflexible. Garcés y Linares intercambian una mirada de inteligencia e instantáneamente descubren que su única alternativa pasa por utilizar las habilidades adquiridas en dos décadas y media de funcionariado. Dicho y hecho: dando ejemplo de paciencia y sangre fría, linares y Garcés se ponen a hablar del tiempo delante del malvado estraperlista hasta que lo matan de aburrimiento, huyendo después con todo el dinero que le encuentran, cantidad que asciende a 6.234 pesetas. Pero no acaban aquí las aventuras de Garcés y Linares, pues el tranvía al que han subido tratando de huir de la horda de malvados estraperlistas que por razones obvias los persigue choca con el automgasógeno; todos los pasajeros óvil del señor ministro de la Gobernación y le destroza el del tranvdetenidos y llevados a los calabozos ía y algunos malvados estraperlistas que pasaban por allí son de la Direccigracias a la intercesión del cuñado ón General de Seguridad, mas Linares y Garcés se salvan de este final Garcés consigue enviar a su último, que ejerce de secretario particular del señor ministro. Al hijo a Houston, donde un grupo de atentos doctores encabezados por A.Shchelovek (supervisor operativo de los mecanismos de inyecciTexas) consiguen que sane de su ón letal en las prisiones del estado de viruela, y Linares lleva a su mujer del brazo a un especthistoria como uno de los mejores áculo que pasa a la que haya dado nunca Juanita Reina en Madrid.
2ª parte: Plano fijo de 20 minutos de duración que muestra a Linares sellando una y otra vez un documento con su tampón "María de la O"
3ª parte: Aproximación al microcosmos existente a 2 mm. del borde del tampón de sellar "María de la O".

Se ha desarrollado allí una civilización que reproduce perfectamente el Imperio Romano a escala espaciotemporal 1:1.000.000.000 y que afronta ahora su decadencia: El emperador Marco Aurelio muere, sucediéndole en el trono su hijo Cómodo, que instaura un régimen basado en la incompetencia, el terror y la corrupción. Cómodo es asesinado por su guardia, como lo serán la mayoría de sus sucesores; se abre así un periodo de desorden que dura tres generaciones y que obliga a Septimio Severo a devaluar el denario. El acceso de Diocleciano al trono imperial pone fin a tanto caos, pero entonces sobreviene la catástrofe: una mosca se posa en el tampón "María de la O" y arrasa Roma con sus patas traseras, provocando la ruina del Imperio, que los bárbaros aprovechan para invadir justo antes de que Linares estampe su tampón en un documento; como fácilmente puede imaginarse, la violencia del golpe de "María de la O" contra el papel acaba con cualquier atisbo de civilización en el microcosmos (por razones presupuestarias, esta parte tendrá la forma de dibujos animados).

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