Archivos correspondientes a julio 2012

Sugite istam, Saramago (El diálogo entre cristianos y marxistas presentado al hombre del siglo XXI)

6 julio 2012

2016 años han pasado desde que nació Jesucristo y parece que fue ayer; diríase que todavía tenemos por aquí a Poncio Pilato cambiando las losetas del palacio y cargando la cuenta al erario público (dad al César lo que es del César), a los tribunales religiosos ordenando lapidaciones y a los profetas de La Vida de Brian hablando del amigo que perderá el martillo de su amigo y del día en que nadie sabrá dónde está nada. 2016 años han pasado desde que nació Jesucristo y parece que fue ayer, sobre todo en la mente de Joseph Alois Ratzinger, el abuelo que nadie hubiera querido tener. Ratzinger es un hombre para el que todas las fechas son la de ayer y el nuevo día que amanece es siempre un día de 1952 en un pueblo bávaro de hombres homófobos con falda tirolesa. Pero la capacidad de Ratzinger para defender sus argumentos en la era de la televisión es mayor de la que parece, y así lo demuestra en este opúsculo en el que discute con José Saramago sobre la existencia de Dios un día en que se encuentran por la calle cuando el altivo teólogo de Marktl am Inn está observando las obras del metro de Roma y criticando a los albañiles como buen jubilado. Este, y no otro, es según Ratzinger el único diálogo que puede haber entre cristianos y marxistas en el siglo XXI.

Descarga en MP3

Descarga en OGG

I Concurso de Cartas al Director del Taburete Metafísico Sin Patas: entradas notables

5 julio 2012

Carta al Director 162:

Señor director, he observado que últimamente el ser humano, ya habite el vergel de las Europas o la floresta abisinia, ya esté versado en la obra de Ortega y Gasset o se dedique a cazar con lanza, se encuentra en el nadir de su decadencia. Platón, San Agustín de Hipona, Diderot y Erasmo de Rotterdam no conocieron época tan terrible como la nuestra, ya que ellos, si habían de enfrentarse a la violencia inherente a todo ser humano, se enfrentaban a avezados espadachines, expertos esgrimistas, curtidos tercios de Flandes y épicos guerreros persas. Así pudieron ellos legarnos gloriosas páginas sobre la condición del hombre: nosotros, en cambio, al hacer frente al inevitable hecho de la violencia, no lo veremos encarnado en un lansquenete con penacho, sino en un púber montado en su ciclomotor, expresándose como un babuino y dando más vueltas que un marica en una festividad local, si en estos tiempos de censura relativista se me permite la expresión. Supervivencia de los más aptos, decía Darwin; la nostalgia, que es el dolor por lo perdido y por lo que no se pudo ganar, me hiela las articulaciones al recordar aquel tiempo en que la teoría de Darwin no tenía validez, por cuanto no sobrevivían los más aptos, sino aquellos que libremente decidía Dios a través de su ejército de hombres de fe, tonsurados y frailes, todos soldados del Libro desde el más humilde sacristán hasta el más insigne arzobispo. Un ejército de hombres de fe que firmaba cartas de recomendación y certificados de buena conducta con eficacia clínica, propulsando hacia las altas jerarquías a aquellos que ya estaban en ellas, tal vez incompetentes desde el punto de vista técnico, pero de probada fibra moral y ausencia total de melindres éticos según los entiende la moral racionalista que tanta devastación ha causado, pues a ella debemos el calamitoso estado de la Naturaleza que Dios nos dio. Sostuve antes que la nostalgia me hiela las articulaciones: en verdad no sé si es la nostalgia o la decadencia corpórea que suele anteceder a la partida de esa nave que nunca ha de tornar, como decía el rojo aquél. No se me pida que considere como míos estos tiempos en que se falta al respeto al Obispo, se circula en bicicleta teniendo cuartos suficientes para pagar un automóvil o se ponen en solfa verdades como aquella que decía que a un hombre se le recibe por cómo lleva el traje de luces y se le despide por la hombría que muestra cuando se las ha de ver con el toro. ¿Cómo es posible, señor director, una sociedad que pretenda sustentarse sobre sólidas bases y sin embargo olvide estas verdades del barquero? Poco me queda por ver ya, pues yo fui de aquéllos que tomó las armas cuando el Glorioso Alzamiento y ya empieza a hacer bastante de tal efeméride, pero auguro que de aquí a poco nuestra civilización, asentada sobre bases tan dudosas, correrá la suerte de Sodoma y Gomorra, de Roma y de unas cuantas más. De antiguo llevo distinguiéndome como taumaturgo, y mis advertencias no deben ser ignoradas, sino publicadas en el periódico de su digna dirección. El que avisa no es traidor.

 

Carta al Director 028:

Señor director, he observado que últimamente ya no habitamos en la Edad de Oro que conocimos antaño; Internet ha arrasado los fundamentos de la sólida civilización que nos educó y nos hizo hombres. Yo, que me precié de antifranquista en mi juventud, he de maravillarme ante los efectos nefarios de la caída del que creíamos indocto legislador y vesánico tirano, que hoy, en cotejándolo frente a los electos por la turbamulta sin desbastar, se nos aparece como dignísimo gobernante y uomo qualunque que nos trajo las suecas. Bajo Franco, y eso es algo que el periódico de su digna dirección no tendrá empacho en reconocer, había películas de Fellini, de Ava Gardner y de Marlon Brando; digo yo que eso algo tendrá que ver. Bajo Franco, la juventud podía inventarse un pasado como luchadores contra un régimen despótico y atrabiliario, patentizando ante las siguientes generaciones la inconmensurable heroicidad que suponía y sigue suponiendo enfrentarse a unas instituciones supuestamente desconocedoras de los más elementales derechos del ser humano, arriesgarse al enclaustramiento en mazmorras ora gélidas como las aguas del Atlántico Norte, ora húmedas y asfixiantes como marisma en lo que la clasificación de Koppen llama zona tórrida, mazmorras tan exiguas de espacio que un lactante no pudiera extender su mano sin hallar la pared, tan oscuras que todo sujeto confinado en ellas diera en creer desde un principio que se ha quedado ciego, y aún esto, sin ser verdad en las etapas iniciales de su encierro, se acabase convirtiendo con toda seguridad en hecho cierto, pues bien sostienen los galenos que la retina se resiente al no recibir luz durante semanas y meses. Bien digo que nosotros nos podíamos presumir supervivientes de tan atroz régimen, incluso aunque nunca hubiéramos recorrido el negro itinerario de sus cloacas; yo mismo nunca lo he recorrido y presumo de ello, y usted, señor director, también, ya que ninguno de los que realmente estuvieron en tales túneles ha sobrevivido para contarlo, y si queda algún superviviente le hemos callado la boca para que no nos atormente con un relato mucho menos literario que el que a nosotros nos gusta referir, si bien incomparablemente más apegado a los hechos. Sabe usted, señor director, que ahora sería imposible filmar “La dolce vita” de Fellini, porque sus protagonistas están muertos o son ya ancianos, y los coches que aparecen en la película ya sólo se ven en museos del automóvil. Marcello Mastroianni es un fiambre, y el mismo Fellini cría malvas desde hace ya décadas. ¡Si hasta Anita Ekberg, que tanto onanismo provocó, tiene ya casi ochenta años! Esa es la decadencia a la que me refiero. El paso del tiempo nos cuartea inexorablemente, situándonos ante una desgarradora e irremisible decadencia. No sabemos qué quedará.

 

 

Carta al Director 613:

Señor director, he observado que últimamente, digamos hace ya como cuarenta y cinco años, la carne de pollo no presenta el sabor que otrora la hizo famosa entre lo más granado de los gourmets. No sabemos de dónde vienen los pollos; no sabemos quiénes son los pollos, ni nos importa. Nosotros, señor director, no somos de campo; nunca hemos visto un pollo, pues en ciudades donde impere el más elemental sentido de la civilidad es impensable toparse con un pollo, sea de granja o salvaje, cruzando un paso de cebra o adquiriendo un hebdomadario en una expendiduría de prensa. De esta suerte, señor director, nosotros hemos de confesarnos incapaces de distinguir un pollo de una vaca, fuera de lo que decían los libros de la escuela elemental, de los cuáles, válganos el Señor, ya no nos acordamos; contrariamente a lo que suele suponerse de quienes hace ya tiempo dejaron atrás sus años mozos, no proceden nuestros ancestros del medio rural, ni hay entre ellos agricultores, ganaderos, jornaleros, guardeses de finca o cazadores recolectores. Nosotros somos personas de selecta cuna, cuya estirpe lleva habitando la urbe desde tiempo inmemorial; podemos decir con orgullo que nuestros antepasados no se han manchado los pies de barro desde que hay baldeo callejero y limpieza pública si hacemos abstracción de las batidas de caza a las que a la sazón asistieron según la costumbre vigente en los círculos sociales que gustaban de frecuentar, batidas en las que huelga decir que no se cazaban pollos, pues hubieran constituido piezas de caza muy menor. Damos estas razones para que no se nos confunda con ecologistas ni grupos de amantes de las ciencias naturales interesados en las condiciones de vida de los pollos, las cuales, señor director, no nos llaman la atención lo más mínimo, porque imaginamos que los pollos se caracterizan por un repertorio de temas de conversación sumamente limitado, y hasta el más instruido de ellos ignora la relevancia histórica de Voltaire, Parménides o Menéndez y Pelayo (don Marcelino). Por eso nos los comemos. No ignoramos, en cambio, que su sabor ya no es el mismo que nuestros paladares disfrutaban en aquellos remotos días en que el incontrolable florecer de la juventud nos embriagaba. Y es que, señor director, no es igual el sabor de la carne cuando se sabe que ese deleite es regalo de Dios a nosotros solos, que el limpiabotas no lo disfruta, ni el chófer de autobús tampoco. ¿Qué podemos encontrar ahora que nos retrotraiga a aquella sensación de paladear la ambrosía de los clásicos? Cuesta encontrar hoy algo así en el supermercado, porque en general la comida que encontramos está a precios asequibles para un obrero de factoría. ¿Qué hemos de inventar, entonces? ¿Hemos de irnos a África con lanza y cazar rinocerontes? Somos ya muy mayores para eso, señor director. Zapatero, haz algo por una vez en tu vida. (más…)

Bases del I Concurso de Cartas al Director del Taburete Metafísico Sin Patas

5 julio 2012

1. Todos los textos deben aparecer con firma completa del comunicante, no aceptándose ninguna carta firmada con seudónimo o iniciales. No obstante lo anterior, el jurado del presente concurso reconoce el derecho de cada cual a llamarse como quiera, incluso con seudónimo o iniciales. En ese sentido el jurado consideraría un honor recibir cartas al director firmadas por salvadores de la humanidad tan afamados y avezados en su labor mesiánica como Batman, Darth Vader, los Reyes Magos, Jesucristo, John Lennon, la Abuela Rockera de Vallecas, el Individuo Que Llevaba Las Cenizas de Su Padre al Campo del Betis, el Brazo Incorrupto de Santa Teresa (que firmó 15.460 veces contra el Estatuto catalán), Spiderman, Mortadelo Pi, Filemón Pi, J.L.G.H. o M.C.S.C.

2. Asimismo, el texto contendrá, para general conocimiento, el nombre completo, firma, domicilio, número de documento nacional de identidad y número de teléfono, telegrama o paloma mensajera para consultas.

3. Los textos deben ser breves y muy legibles, con una extensión máxima de un folio, mecanografiados a doble espacio y escritos por una sola cara. El Taburete Metafísico Sin Patas se reserva el derecho de extractar aquellos textos que excedan de la longitud aceptable, así como el de ampliar aleatoriamente aquellos textos que no alcancen la longitud aceptable añadiéndoles porciones de texto extraídas del manual de usuario del reloj digital Casio F-91W, el reloj de los terroristas.

4. Los textos a concurso comenzarán con las palabras “Señor director”, seguidas de un verbo cuyo significado denote percepción sensorial de un fenómeno nuevo, conjugado en primera persona del singular y pretérito perfecto compuesto. Dicho verbo irá acompañado del vocablo “que” con funciones de conjunción en este caso, terminando el encabezamiento con un adverbio de tiempo referido al pasado reciente. Un ejemplo del tipo de proemio exigido en estas bases podría ser la frase “SEÑOR DIRECTOR, HE OBSERVADO QUE ÚLTIMAMENTE…”

5. Los autores de los textos se referirán al medio que eventualmente haya de publicar sus escritos como “el periódico de su digna dirección”. Esta regla será de aplicación en todos los casos.

6. Andalucía, tierra de paz y esperanza.

7. Asociación de ex alcohólicos españoles: si necesitas ayuda llámanos. Teléfono 634695.

8. La Palabra del Señor Permanece, y esta es la Palabra que por el Evangelio os ha sido anunciada.

9. HELLO KITTY. La representación para España de estos acreditados productos de regalo infantil-juvenil, japoneses, solicita: SEÑORA O SEÑORITA como agente de ventas para la región andaluza. Las tiendas de regalo “informal”, las jugueterías y perfumerías de lujo, establecimientos de artículos didácticos y boutiques infantiles serán el ambiente en el que se tendrá que desenvolver.

10. DEGRADACIÓN DE TVE. El otro día pudimos contemplar la degradación de “Un, dos, tres”, programa concurso de TVE que en su primera época de emisión, hace unos años, consiguió gran aceptación por parte del público. Lo triste es que ahora este programa ha tomado unos cauces soeces e indignos, y ello impide que el televidente pueda tranquilamente ver uno de los programas que hasta hace poco tiempo se consideraban programas dignos.

11. LA PÁTINA DEL TIEMPO EN LOS EDIFICIOS MONUMENTALES. Últimamente se ha lavado la piedra de una parte del Ayuntamiento. Afortunadamente ese paño, al estar poco labrado, no sufre una mutación excesiva; el tono es bueno. Ignoro si se va a lavar toda la fachada, pues entonces la parte labrada más antigua – plateresca – perdería el carácter que le dan los años, la historia. También vi aplicar al bronce de la estatua del mercurio de la fuente un producto artificial a brocha, con lo que ha desaparecido su estilo antiguo. Un bronce pulido de Brancusi siempre deberá conservarse impecable, pero el bronce del Mercurio debía mantenerse con la pátina natural verde, si bien puede protegerse.

(más…)