Los ardides e yndustrias dellos

Desde el mismo día de su fundación en calendas que parecerán remotas a quien se deje llevar por el desbocado y desmemoriado reloj de quienes hoy agitan bastones de mando como símbolo fálico, el Organismo Vivo El Engendro resolvió proceder de manera contraria a los antedichos prebostes, supuestamente amigos de los focos y de la pose, pero no cuando hacen aquello que verdaderamente les retrata. El Organismo Vivo El Engendro es entonces un colectivo que alberga la creatividad irrestricta de los individuos que lo forman, y en eso no se esconde, ni finge ser otra cosa que aquello que realmente es. No es una organización secreta, pero tampoco es una camarilla de artistuchos empampirolados y egomaníacos. Aunque se trata de una regla de aplicación voluntaria y por tanto no es un principio rígido que tenga que ser seguido a rajatabla y en todo momento por la totalidad de quienes participan en el colectivo , los primeros miembros del Organismo Vivo El Engendro determinaron no ocultar su integración en el mismo, pero tampoco firmar sus obras con los nombres y apellidos por los que son conocidos en su casa, en su trabajo, en su grupo de amigos y en la base de datos del Ministerio del Interior. Esa idea quedó fijada para la posteridad en el manifiesto «De cómo e por qué El Engendro non tiene grazia», escrito en castellano antiguo y publicado en el número 4 del fanzine El Engendro, cuyo contenido íntegro ofrecemos a continuación.

DE CÓMO E POR QUÉ EL ENGENDRO NON TIENE GRAZIA

En la muy noble e leal e fermosa cibdad de Riga, fedataria de la orden de los Hanseáticos e morada del rey de Letonia, en XXV el día, diziembre el mes, MM A.D. el año, es dado este edicto el qual versa de la ralea e condyzión de aquellos fidalgos e escuderos que se arrogaren la merced de escrevir la su grazia junto de la de EL ENGENDRO o con qualesquiera malas artes cuydaren de sacalle provecho al ENGENDRO para los sus bajos fines. Pues los ardides e yndustrias dellos, que más viles el turco non los conozyera, non han de servilles al fin para maldita la cosa, que non es de hombre juyzioso, aun villano, dalle el su nombre a algo que non puede lo aver, qual EL ENGENDRO. Los fautores dél, juntados en zyenagoso e lóbrego escondrixo do la Santa Madre Yglesia non llega a rexir, acordado han que EL ENGENDRO NON HA BAPTISMO e por ende non puede tener nombre alguno de varón nin de fembra junto dél. Bien paresce que EL ENGENDRO ha buen motyvo para pararse en el limbo de los ynfieles e non baptismados; es menester nos acordar de la sentenzya de excomunión que pende por cima de las cabeças de todos los sus scriptores. Ansí mesmo, aquestos malandrines, en sabiendo que el pecado de la sobervia le es grato a Nuestro Señor, yngeniado han que non haya grazia cabe de la del ENGENDRO, pues que ansí ningún hombre nin muger pudiesse se envanezer dél nin mostrallo qual blasón o estandarte suyo e de nadie más. En verdad que los scriptores del ENGENDRO non se hubieran escondido en la tierra de los letones, do son llamados estrangeros e aun moros, si hubiessen gustado de ser reconozydos e señalados por la su scriptura; más ansí, el non aver nombre nin fortuna e “provenir del subsuelo”, como ellos con desacostumbradas letras dizen, es condyzión non excusable para non recevir suziedad nin excremento de mercaderes; a este non haber mácula ellos llaman “underground”, pues aún tienen costumbre de usar del saxón para dezir aquello que con más tino pudiesse dezirse en romance, sin fazer cuenta de que en nuestros caminos e veredas es agora más de uso lo latino. E por fin los fautores de EL ENGENDRO quieren non aver baptismo por ansí poder seguir escreviendo lo que nadie pudiesse escrevir por ellos; “ser oryginales”, que se dize agora, e lenificar el dolor que la Sancta Inquisyzión les ha de ynfligir por ello.

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