Especial Que Se Interroga Sobre Interrogaciones, Interrogantes e Interrogatorios, y En Especial Sobre La Inutilidad De Estos Últimos

“…estaban Liv Ullmann e Ingmar Bergman en una habitación del hotel Rex, de Estocolmo, aquel 22 de septiembre de 1972, viernes; entonces Ingmar le dijo a Liv: “Ven, que te toque con mis dedos eléctricos”; Liv, vestida con una bata de boatiné, unos pantalones de tweed y una camiseta de la selección de fútbol de Zaire, hoy República Democrática del Congo, que había comprado en una tiendecita de Drottninggatan, le contestó a Ingmar: “Puedes tener unos dedos eléctricos, pero sólo si has conectado la maquinilla de afeitar a la corriente. Ingmar, ¿cómo puedes concebir el gozo lúbrico si en realidad estás pensando en la muerte?” Entonces Ingmar se retiró unos pasos y empezó a leer algo que había escrito en el cuaderno de tapas negras que usaba durante los rodajes: “Estoy pensando en evitar la muerte, Liv. El acostarnos juntos es todo lo que tenemos, aparte de cuatro nominaciones a la Palma de Oro de Cannes, un Oso de Oro del Festival de Berlín, dos Oscars a la mejor película extranjera, treinta y una películas dirigidas para cine y una para televisión, incontables propiedades en Estocolmo y alrededores y cuatro matrimonios fracasados. Es el gozo no lúbrico, sino mecánico del sexo lo que nos dará esa salvación a la que aspiraron sin resultado mi padre y el tuyo, ambos pastores luteranos, ambos perseguidos por un Dios que exigía de ellos la medida del hombre, medida que ellos intentaban alcanzar sin conseguirlo, ellos a pesar de todo hombres, ellos a pesar de todo pastores luteranos. Nuestros padres”. Liv fijó la mirada en él con gesto de reproche mudo y sólo le respondió: “Ingmar, mi padre no era pastor luterano, sino ingeniero aeronáutico”.”

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