Especial Conmemorativo del Verano Austral y de las Tres Semanas de Vigencia de la Constitución de 1978

Las tres semanas de vigencia de la Constitución de 1978 han sido conmemoradas por todo lo alto a lo largo y ancho del país: desde la Villa y Corte hasta la última pedanía se han sucedido las ceremonias, los fastos, las verbenas e incluso las romerías, organizadas en capitales de provincia, sedes de partido judicial, cabeceras de comarca, ayuntamientos, juzgados de paz y distritos municipales por decenas de millones de voluntarios entusiastas cuya desinteresada colaboración ha apuntalado el festejo, generosamente respaldado por un erario público cuyos responsables han entendido que este no era el momento de escatimar fondos. Millones de españoles y españolas con barba o sin ella, con jersei de cuello de pico o sin él, han disfrutado de un domingo en el que ha lucido un sol radiante en todo el territorio nacional y se han solazado entre matasuegras, serpentinas, vinos del país y discursos del obispo de la diócesis, del cura de la parroquia, del antiguo delegado sindical (hoy jefe local de las Comisiones Obreras) y del cabeza de lista de UCD. En Villablino (León) se mató un cochinillo, y en Higuera de la Sierra los hombres del pueblo se dedicaron a perseguirse en círculos. Por su parte, el Congreso de los Diputados convocó a los parlamentarios, a sus familiares y amigos y a los miembros de las últimas Cortes preconstitucionales (con sus familiares y amigos, claro) a una comida de hermandad a la que asistieron 3.547 personas y en la que se sirvieron 26.769 consumiciones de coñá Soberano. Debido a la lacra del terrorismo, el acceso a la mentada cena de hermandad fue rigurosamente controlado, y no ha trascendido una palabra de lo que se habló durante su transcurso.

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