Romance de los Reyes Magos

Del infierno de los que no se conformaban con cualquier cosa
vienen tus terrores nocturnos;
de la realidad aumentada, pinchada y disminuida
vienen los Reyes Magos.
De la leyenda, de los libros de páginas amarillentas
vienen sus regalos, vienen los padres;
Del pasado reciente, de las páginas amarillas
viene su delito flagrante.
Ahora resulta que tenían gafas de sol,
gomina y pelo pincho;
Si te los imaginaste de otra forma,
fue por tu cuenta y riesgo.
¿Qué necesidad hay de Reyes Magos
para desalojar pisos
si ya existe la policía?
Las cosas hay que hacerlas bien vestido.
Mear bien vestido.
Defraudar a la hacienda pública bien vestido.
Ordenar la muerte de tus enemigos bien vestido.
Abandonar a quienes te defendieron y cuidaron, bien vestido.
Diseminar residuos tóxicos bien vestido.
Ir de putas bien vestido.
Nunca de uniforme.
Desalojar ciudadanos morosos bien vestido.
Nunca de uniforme.
Por eso existen los Reyes Magos.
Y por eso han sido reciclados.
No es cuestión de desperdiciar
a quienes fueron a adorar a Cristo
y figuran con letras de oro
en la Historia Sagrada.
Por eso ahora
irán a echar de sus casas
a quienes figuran con letras de oro
en la historia de la caridad
como gente que, bajo el cielo velazqueño
y en las calles de un solo sentido
con pelotas de playa y sillas de plástico a ambos lados,
quiso
pero no pudo
y ahora la caridad
se desploma sobre sus cabezas
con guadañas temibles
que ya no saben de tantos años
de caldo de cebolla y pan duro
tras tajo embarrado.
Qué distinto es ahora
con todo asfaltado
La luz de las tardes de junio ya no es la misma
con tantos LEDs.
Parece Alemania.
La Alemania que soñamos.
Me levantaba temprano y brillaba el sol.
Volvía a casa y seguía brillando.
Una sonrisa eterna pretendíamos
sobre las espaldas de otros,
sin información,
con información,
muy distinto en cada caso.
Llegaron los Reyes Magos
y esta vez llevaban armas,
esta vez llevaban armas.
La abrazó; no sabía que, si estaban juntos,
es porque le había prometido luz eterna,
le había jurado ser la ley del mínimo esfuerzo,
le había asegurado que hasta el fin de sus días podría
presumir de algo.
Adorar al Señor
es una tarea exigente,
y ahí estaban los Reyes Magos
para demostrarlo,
esta vez llevando armas.
Mil seiscientos noventa y cuatro con veintinueve euros,
sí, es posible,
los hay que no sienten dolor,
LOS HAY QUE NO SIENTEN DOLOR.
Si no le pones remedio,
en tu casa
sucederá la Tercera Guerra Mundial.
Y la patria de las sillas de plástico
las mesas de plástico
y las plantas de plástico
será toda ella una cabeza de puente;
demasiado tarde
para que tú te sirvas el desayuno allí.

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