LA ZANAHORIA EN EL IMPERIO MAYA

 

A pesar de que es tradición suponer que la zanahoria era una planta desconocida para las civilizaciones autóctonas del continente americano a la llegada de Colón en 1492, en los últimos tiempos investigaciones más exhaustivas han puesto de manifiesto todo lo que de ahistórica tenía esta hipótesis. Al parecer, dicha conjetura se basa en dos hechos por lo demás muy difíciles de corroborar; el primero es una exclamación dícese que proferida por Nuño de Herrera y Cifuentes Cabeza de Vaca, marino de Malpartida de Cáceres que acompañaba a Colón en su tercer viaje, quien hacia 1501, en desembarcando cerca de Maracaibo, observó que los aborígenes se reían de él mientras comía una zanahoria. La tripulación colombina consideró esta generalizada chacota de los indígenas como una muestra de desprecio hacia las exquisitas hortalizas de la Extremadura, y de resultas de ello los exterminó, pues andaban faltos de víveres pero sobrados de municiones; así, los vencedores escribieron una vez más la historia, pues ninguno de sus adversarios vivió para contradecir la versión oficial. Sin embargo, historiadores no tan españoles como los que cuentan la historia anterior consideran más probable que el escarnio de los amerindios tuviera su causa en el escaso dominio de las lenguas extranjeras que Nuño de Herrera y Cifuentes, como buen español, poseía; hace poco se halló evidencia fehaciente de que a principios del siglo XV los nativos de aquella región, hoy día venezolana, hablaban sin ninguna dificultad el neerlandés, el sueco, el dialecto véneto y el retorromano, amén de no menos de catorce lenguas autóctonas. Sea como fuere, dicha anécdota y la existencia previa de un tal Roger de Verssyssesschiedenen, comerciante de Amberes que en 1315 se proclamó inventor de la zanahoria con probables propósitos monopolísticos, cimentaron el mito de la inexistencia de la solanácea en América antes de que Colón pusiera el pie en Guanahaní.

Nadie que conozca en profundidad la cultura y civilización de los mayas puede sin embargo avalar la posibilidad de que éstos no tuvieran ninguna familiaridad con la zanahoria, la planta que en verdad constituía el centro de su religión y sus costumbres. En torno a su cultivo los sacerdotes idearon el calendario Haab de 365 días que tanto sorprendió a los conquistadores en su momento; observando el ciclo de crecimiento de la zanahoria y la influencia solar y lunar en el brote de sus hojas y estambres, los clérigos toltecas y olmecas instituyeron también el calendario ritual Tzolkin, de 260 días. Se dice que la diferencia entre ambos calendarios no se debe tanto a la naturaleza religiosa del Tzolkin por contraposición a la astronómica del Haab, sino a que el calendario Tzolkin se relaciona con el ciclo de la zanahoria llamada “roja” en tanto que el Haab está ligado a los patrones de crecimiento de la llamada zanahoria “azul”. Según se deduce de la Pragmática dictada de viva voz hacia 1543 por don Álvaro de Cossío e Yñiguez, presidente de la Audiencia de Tenochtitlán y manifiesto analfabeto, el cultivo de la zanahoria “roja” y la zanahoria “azul” fue proscrito en los inicios del periodo colonial para favorecer la prevalencia de la zanahoria blanca, por aquel entonces la habitual en las Españas. “Se arranquen pero ya mismo los plantíos de las zanaorias esas más ingratas a Dios que moñigo de cavallo, pero que los Yndios, que los prezeptos del buen yantar no conoscen pues a Dios Nuestro Señor tampoco, nin el mismo yantar pues es de preferencia para los Bautismados pues ansí lo quiso Dios, a la boca se llevan sin conoscer ayuno nin Cuaresma, y que reyne la única zanaoria que Dios fizo, la que blanca es como el cuerpo de Nuestro Señor Jesucristo”, reza la Pragmática, en la que la historiografía española cree hallar referencias a la batata (zanahoria “azul”) y al maíz (zanahoria “roja”). De la confusión del maíz con la zanahoria “roja” derivó la hipótesis del Hombre de Maíz, que atribuye a la tradición maya la creencia de que el ser humano está formado por dicho cereal, cuando ahora se sabe que para todos los pueblos del Yucatán la materia basal del hombre era la zanahoria “roja”, con algunos matices en el caso de los toltecas (creían que se trataba de la zanahoria “azul”) y de los mixtecas (atribuían a las dos zanahorias la condición de elemento nuclear de la humanidad). La cosmovisión maya situaba en su centro a unos dioses que cada cierto tiempo provocaban catástrofes naturales para reordenar el universo y construir “mejores” hombres; este sistema de creencias encaja perfectamente con la condición de los mayas como pioneros de la creación de cultivos más resistentes mediante cruzamientos de distintas variedades de la planta a sembrar, en lo que se adelantaron siete siglos a Gregor Mendel y ocho siglos y medio a la voraz multinacional con ánimo de lucro llamada Monsanto. Dado que la zanahoria fue la única planta que se benefició de estos hallazgos, es claro que los mayas pensaban en realidad que sus dioses destruían regularmente el universo para crear nuevas y mejores variedades de zanahoria.

Un vistazo a cualquier foto tomada desde el aire de los restos de Chichén Itzá, Uxmal o Palenque permite concluir sin lugar a dudas que las ciudades mayas tenían por lo general forma de zanahoria, siendo en la parte que semeja las hojas donde se encontraban los principales templos y cementerios, al tiempo que en el extremo inferior se hallaban las viviendas de la clase campesina. Es notable además que las archiconocidas pirámides mayas tienen todas una forma parecida a la de la zanahoria, pues dicha solanácea no deja de ser un cono, es decir, una pirámide con una base de infinitos lados; los mayas, que se habían empeñado en conseguir ellos mismos una zanahoria cuadrada de manera que sus dioses no lo lograran antes endilgándoles luego un tornado que los borrase de la faz del Yucatán, honraron lo que ellos entendían como la perfección de las hortalizas construyendo las pirámides que hoy en día son motivo de orgullo y patrimonio de la Humanidad toda y también pretexto de muchos turistas que no quieren confesar los verdaderos motivos por los que van a Cancún.

La artesanía maya consiste exclusivamente en reproducciones de zanahorias de distintas especies y colores; las piezas que se venden en mercadillos de todo el mundo con supuesta denominación de origen maya son un camelo si no tienen forma de zanahoria.   

   

 

                          

 

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