LA ZANAHORIA Y EL CANIBALISMO

 

Esta historia fue recogida por un explorador llamado Juan Pérez de la Quesadilla en uno de sus viajes por la selva amazónica en busca del tesoro perdido de la reina azteca de Porrompontaketez allá por el 1500. Juan cuenta en el diario de viaje que fue encontrado junto a sus restos cómo al ser capturado por la tribu de los pies limpios observó lo que se ha dado a conocer entre los antropólogos y antropófagos del mundo como la "segunda comida" (nótese que se suele llamar "primera comida" al momento en que el segundo Papa Santiago IV "El Torrezno" se zampó él solito todas las obleas del sur de Italia en una sola misa). Juan estaba más o menos secuestrado por los indígenas y desnutrido después de varios días de andar por la selva sin su orujo isotónico; un día, harto de comer gusanos de seda y alimañas varias que los amables indígenas le suministraban para su alimentación, encontró enterrado en el suelo un tubérculo blanco que él identificó como cierto producto de reciente salida al mercado en las tierras de España, conocido por su jugoso sabor. Sin más preámbulos se puso a degustar ese manjar, nada parecido a los sabrosos insectos del Amazonas, cuando un hombre de la tribu le descubrió y le quitó la zanahoria (por aquel entonces llamada Zapata por los conquistadores); esto no hubiera supuesto ningún problema si no fuera porque otro hombre de la tribu se acercó reclamando también el valioso objeto. El primero se llamaba Zutupoca ("ave que emana manto marrón de su bajo vientre") y el segundo Kokotepek ("ave que no consigue emanar"). Así pues, Zutupoca y Kokotepek entraron en una larga discusión, descrita en palabras del mismo Juan de la siguiente manera: "Nunca he visto nada igual. Le perdí el miedo a regatear desde entonces".

Juan tuvo la astucia de transcribir en idioma nativo parte de la conversación escribiéndosela en los pantalones con cera de sus oídos; el aguerrido explorador había aprendido en cuatro días la lengua de aquellos indígenas, pues tenía facilidad para los idiomas (según narra su cartilla escolar, "era un lince para el latín").

Exponemos parte de la conversación en breves líneas:

Z: ...fou eltex pa ¿¿ZANATA¿¿

K: ...pumi Kokotepek.

Z: nunnnin.

K: mmaammnama Zutupoca.

Z: ñanñan.

(Aquí es cuando Zutupoca, después de ser insultado por Kokotepek, se traga la zanahoria)

El resto de la conversación la podríamos calificar como absurda,  pues, según Juan Pérez, se dedicaron a echarse en cara el robo de una cabra que Kokotepek achacaba a Zutupoca.

Así, Kokotepek, lleno de ira, le dijo a Zutupoca que ésta iba a ser la última vez que le robara nada y que se comería la ZANATA (expresión indígena para referirse a la zanahoria) de todas formas. El incauto Zutupoca se reía a carcajadas sin saber que Kokotepek estaba preparando la olla grande para zampárselo. De un solo garrotazo lo tumbó y lo metió en la olla dispuesto a comérselo cuando Juan le gritó en su propia lengua que no lo hiciese, que le sentaría mal al estómago. El indígena pareció entenderlo y quedándose pensativo asintió con la cabeza.

Al final acabó comiéndoselo en bocadillo con unas chistorritas para acompañar.

Después de digerir a Zutupoca se echó una larga siesta de 19 horas (este es el tiempo necesario para digerir un humano en el Amazonas). Kokotepek se levantó tambaleándose y con mareos; no era de extrañar, se había comido a un tío de 63 Kgs. y sin bicarbonato. De pronto Juan vio como el indígena vomitaba algo redondo y maloliente, dándose cuenta de que era la zanahoria semidigerida. Así pues Juan, que había estando raspando con el dedo gordo del pie la cuerda con la que estaba atado, se escapó no sin antes llevarse como prueba de su aventura la zanahoria regurgitada. 

Huyó río arriba, hasta que casi desfallecido se lo encontraron unos monjes que se dedicaban a hacer pastelitos de yuca que se vendían como rosquillas en las haciendas de los mercaderes de esclavos.

A ellos les contó esta historia que transcribieron junto con su diario.

Juan Pérez de la Quesadilla murió en el monasterio de los monjes tres años después, de una diarrea brutal por exceso de yuca.

   

                          

 

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